Acerca de mi

En el año 2001, en un grupo de terapia al que asistíamos seis pacientes y conducían dos psicólogas, una de mis compañeras (¿bruja?) me dijo: “-vos vas a ser escritor.”

La miré, me reí un poco por vergüenza y otro poco porque ella estaba poniéndole palabras a un sueño que nunca me había animado a mirar a los ojos. Ocho años antes de ese episodio, había hecho un breve intento. Recién vuelto de EEUU donde había estudiado Ciencias de la Salud, deseaba escribir un libro que revolucionara la problemática relación de las personas (occidentales) con la comida.

Secretamente soñaba con convertirme en el bestseller #1 del New York Times, y fue esa misma presión la que tornó imposible avanzar. No escribía nada que me conformara. Bajo la exigencia de que cada carilla resultara una pieza perfecta de la literatura universal, no pude escribir. Hoy pienso que aquellos borradores que en mi intolerancia destruí, deben haber sido muy interesantes.

La premonición de aquella compañera de terapia resultaba sugestiva. Por un lado, pensaba que me hubiera encantado ser escritor. Tal vez, por haberme enamorado del estilo de vida de un célebre autor que llevaba una vida aparentemente maravillosa en un casa a orillas del mar en Sarasota. No tengo del todo claro si lo que me gustaba era escribir, o aquél estilo de vida.

Durante algunos encuentros que durante 2006 mantuve con el filósofo Alejandro Rozitchner,  él me obligó a escribir y me abrió un blog. Yo, que estaba ingresando a la crisis más grande de mi vida, encontré en la escritura un espacio para drenar emociones, en especial el dolor.

Sin proponérmelo, escribir se fue convirtiendo en algo necesario. Tres años después de aquél inicio, un breve taller de escritura con Alejandro me sirvió para dejar exigencias de lado y profundizar algo que a esas alturas, no era un amor de verano. Tardaría dos años más en encontrar un formato en el que me sintiera cómodo y pudiera expresarme mejor. Y otros dos adicionales para encontrar un ritmo, una frecuencia. Hasta el 2013 escribía cuando tenía algo que no podía callar. Por más que quisiera, era absolutamente incapaz de escribir regularmente. No podía, no me salía.

Resumiendo, desde que se manifestó la escritura por primera vez en mi vida, han pasado más de veinte años. Tardé doce en empezar un camino y una vez comenzado, me tomó cinco más encontrar algo que sintiera como propio. Y otros dos en hacerlo con una periodicidad. ¿Por qué será que los tiempos de la vida son así?

Hoy no me siento del todo escritor, porque escribir es sólo una herramienta que me permite explorar los problemas de los seres humanos. Y esa es mi verdadera pasión: intentar aproximarme a los desafíos que plantea la existencia, tratando de encontrar perspectivas que me sirvan para vivir mejor. Y eso puede abordarse de muchas maneras.

Tal vez por la enorme presión para ser reconocido con la que cargo desde mi infancia, prefiera las grandes audiencias a las pequeñas. Sin embargo, disfruto enormemente la intimidad que se produce en un encuentro entre dos almas que pueden hablar con el corazón en la mano.

Como se supone que acá debía contarles mis antecedentes, no quiero terminar sin dejar de señalar lo que supuestamente esperaban leer en una sección así. Tengo 48 años, tres hijos adorables y una compañera genial. Soy egresado en administración de empresas (UBA), estudié ciencias de la salud (Austin, Texas) y también egresé del Instituto de Formación y Capacitación de Dirigentes Políticos (INCAP), perteneciente al Ministerio del Interior.

El deporte fue mi vida muchos años, habiendo sido jugador de squash y entrenador de la selección. Soy amante de la música, y de haber tenido un contexto más favorable en mi infancia, probablemente hubiera sido pianista, compositor, cantante, o todo eso junto. ¿Mi música favorita? Tengo gustos eclécticos. De Beethoven y Bach (en especial sus obras para piano como las sonatas Appasionata, Hammerklavier, Claro de Luna o Patética, o las Variaciones Goldberg o Suites Inglesas), pasando por todos los piano solos de Keith Jarrett o las guitarras de Pat Metheny. Pero me han erizado los pelos muchas otras músicas: de Génesis y Supertramp, a Pink Floyd y Dire Straits; de Led Zeppelin a Serú Girán y Charly García; y de Calamaro o Divididos a Sabina y U2, sin olvidarme de Astor Piazzolla o Michel Camilo con Tomatito y…

¿Qué leo? Tengo gustos algo menos eclécticos que en la música. Me apasionan los temas de espiritualidad y de filosofía, psicología, sociología. Me interesa todo lo que tiene que ver con el ser humano. En ese sentido, mis dos favoritos son Anthony de Mello y Anselm Grün, si bien hay un sinnúmero de autores que leo. De filosofía oriental a Dean Ornish y Osho; de Deepak Chopra y Paulo Coelho a terapeutas como Carl Jung o Irvin Yalom, o sus colegas locales como Norberto Levy, Gabriel Rolón, Sergio Sinay, o la genial Laura Gutman. De la Biblia me encanta el Evangelio pero también algunos libros del Antiguo Testamento como Eclesiastés, Sabiduría, Proverbios, Eclesiástico. Soy fanático de las biografías, y si de literatura se trata, aún cometiendo una enorme arbitrariedad con Tolstoi, Dostoievsky, Marai, Cervantes o Shakespeare, me quedo con Borges. Doomsday y El Amenazado son mis poemas favoritos y El Zahir, El Aleph, El Muerto, o Las Ruinas Circulares, algunos de sus cuentos que me conmovieron.

¿Le parece bien que dejemos acá?

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