«Estoy enamorada de dos hombres al mismo tiempo: Bobby y Teddy». Esas once palabras provocaron un terremoto en Betina. Básicamente, porque para ella Jackie representaba la perfección. Una mujer inteligente, culta, receptiva, fina, estoica.

Betina había intentado emular a Jackie Kennedy toda su vida, considerándola su referente, su inspiración. Su vestuario, peinados y elegancia; su dignidad para sobrellevar las reiteradas infidelidades de su marido; o su resiliencia para sobreponerse a que lo asesinaran al lado suyo.

¿Donde quedaban entonces aquellas imágenes de perfección que transmitían JFK y Jackie?Hermosos, vitales, glamorosos, aristocráticos, poderosos. ¿Todas esas fotos que retrataban la perfección humana en la tierra eran una mentira? Él, ocupándose de los asuntos de Estado y siendo un padre excepcional que llevaba a su hijo al trabajo. La foto hablando por teléfono en su despacho presidencial mientras su hijo se escondía debajo del escritorio, ¿qué era? Otras imágenes con los cuatro miembros de la familia unida y sonriente, ¿también eran una coreografía?

Betina siempre había tenido mucho recelo por JFK. Básicamente porque la leyenda de sus múltiples infidelidades la interpelaba.

Involuntariamente, era un espejo de su propia vida al que no quería ver. Ella también había sido engañada por su marido infinidad de veces, pero era un tema que casi no quería abordar con la esperanza de que doliera menos.

Para peor, este asunto había divido aguas con su propio marido. Mientras para Betina toda la situación era inaceptable, su esposo no podía disimular la admiración por un presidente que se levantaba y acostaba con la mujer más deseada del planeta, como era Marilyn Monroe. Para él, era un ídolo total. Lógicamente, nada de eso se podía hablar en el matrimonio de Betina, pero ella dolorosamente percibía el sentir de su cónyuge.

El asesinato del presidente había lavado muchos pecados. La sociedad y Betina incluida, sentían que era una falta de respeto condenar a un hombre por sus infidelidades cuando había dado su vida por los ideales. Toda una ironía que la muerte hiciera parecer buenas a las personas. Un fenómeno muy propio del ser humano, como si el hecho del fallecimiento borrara todas las malas acciones que pudieran haber cometido en vida. En el caso de los mitos era aún más grave, porque la pasión que despertaban obturaba completamente cualquier razonamiento o análisis objetivo.

Betina dudaba entre seguir leyendo aquél libro o cerrarlo y dejar las cosas así. Enterarse que su Jackie no había sido tan santa ni perfecta como ella había estimado, ponía su propia vida en crisis. Tanta energía puesta en tomarla como ejemplo, para venir a enterarse al final de su vida que el paradigma de perfección no era tal.

Con miedo y dolor, eligió seguir leyendo. A sus setenta años, Betina sintió que no hacerlo era disponerse a negar la realidad una vez más. Ese mecanismo que había utilizado infinidad de veces a lo largo de su vida, no funcionaba esta vez.

Siempre había registrado que la negación no servía para minimizar el dolor, por la simple razón que el corazón siempre conocía lo que la mente negaba.  Así y todo, su cerebro había decidido negar hasta el mismo hecho de saber que la negación no funcionaba.

En el fondo, al no ser capaz de aceptar las distintas manifestaciones de la vida, su única alternativa era negar. Como Betina definía en forma férrea los límites en los que la realidad debía discurrir, había desarrollado un descomunal sistema de negación para no destruirse. Afortunadamente esta vez no funcionó y desde aquella fisura de su ídola, la existencia comenzó a inocularle humanidad.

Al leer nuevamente la confesión que Jackie le había hecho a su amigo Truman Capote, revelándole que estaba enamorada de dos hombres al mismo tiempo, volvió a estremecerse. Betina siempre había creído que eso no era posible. En su cabeza, eso sólo podía ocurrirle a las putas, hecho que ratificaba su ignorancia de la profesión más vieja del mundo y sobre todo, de la condición humana.

Demasiado movimiento interno para que Betina pudiera percibir todo lo que no había registrado en una vida. En Occidente había millones de individuos que se enamoraban de dos personas al mismo tiempo. Y en muchos países de Oriente, hasta estaba permitido.

Betina no tuvo mucho tiempo para ahondar en la factibilidad de un amor simultáneo porque una pregunta mucho más difícil sacudía su alma. ¿Cómo podía alguien estar enamorada de dos hermanos, que para peor, lo eran de su difunto esposo? Aquella realidad le parecía sencillamente imposible. Como si la vida no soliera manifestarse de las formas más increíbles. Como si tuviera que circunscribirse a sus ideas.

Enterarse que el romance de Jaquie con Bobby y Teddy se había desencadenado a los pocos meses del asesinato de Kennedy, la desparramó. Si bien a Betina le resultaba imposible calificar a su musa inspiradora como una puta, sintió que estaba entrando en crisis. Algo inevitable, cuando un sistema de ideas y creencias que había funcionado durante décadas, quedaba expuesto a realidades más amplias.

Continuar leyendo el libro y ver otras declaraciones como la del actor Marlon Brando, quien en primera persona contaba como Jackie le había propuesto  acostarse con ella, solo agravaron el estado interno de Betina que, a esta altura, ya se sentía como si un camión la hubiera pasado por encima.

Pero el colapso definitivo fue cuando leyó otra declaración de Truman Capote, a quien Jackie le había confesado que acostarse con el actor Paul Newman le había resultado escalofriante. La increíble revelación era que el actor tenía un pene idéntico al de su marido, por lo que ella se había sentido como si su difunto esposo la hubiera seducido nuevamente.

Betina sintió que no podía seguir leyendo aquél libro. Sobredosis de realidad, que le resultaba intolerable.

Una cosa era enterarse de las infidelidades de JFK, que le hacían doler al verse reflejada como víctima, pero en el fondo parecían un tema menor. Pero registrar que la vida de Jackie había estado tan lejos de lo que ella pensaba la había puesto en crisis. Y en donde lo menos importante era descubrir que su referente, en realidad, no era perfecta como ella creía.

El problema central era registrar que muchas de las cosas que Betina estaba leyendo, también habían pasado por su corazón a lo largo de su propia vida . Ella también había estado enamorada de otro hombre estando casada, aunque no fuera hermano de su marido. Había tenido deseos de acostarse con varios actores. Y más allá de la sexualidad, había anhelado vivir una vida más libre, con ideas más flexibles que las que tenía.

Pero por las razones que fuera, Betina había decidido cerrar filas y cumplir. Ser la abanderada. El precio que había pagado había sido altísimo, ya que irónicamente, si algo faltaba en su vida era vitalidad.

Registrar que Jackie la había tenido, venía a romper el acuerdo tácito y unilateral que ella había establecido con la ex primera dama. El dolor no podía ser mayor. Se sentía estafada, defraudada en su buena fe.

Con el correr de los días, llegó a darse cuenta que la estafa no se la había ocasionado Jackie con sus miserias. El problema había sido ella misma con sus férreas ideas acerca de cómo debía ser la vida. Responsabilizar a Jackie era como cuando un niño al golpearse con una mesa, culpaba a la mesa.

Un año después Raquel era una persona transformada. Hablaba poco, guardando mucho silencio. Se cuidaba de opinar, dejando de condenar a todo el mundo, como había hecho toda su vida. Pudo empezar a percibir la vida de las personas y la suya propia, como un vasto océano que nunca cabe en las ideas de los seres humanos.

Dejó de lamentarse de que su propia vida hubiera transcurrido, en vez de en el océano, en un modesto balde con agua potable. Pudo mirar toda su historia con benevolencia, comprendiendo que había tenido mucho miedo. Erróneamente había creído que su única posibilidad para sobrevivir era proteger su vida viviendo en un balde. Por más atroz que resultara, ella le había tenido pánico a vivir en el océano. En cambio, los terribles límites de su balde le habían ofrecido una sensación de seguridad.

Ya no le quedaba mucho tiempo para navegar mar adentro. Pero tampoco quería quejarse por haber vivido toda su vida en un balde. Decidió salir de ese universo tan pequeño y falsamente seguro para, en los años que le quedaran, poder conocer otras playas.

Artículo de Juan Tonelli: Estafada por sí misma

Estafada por si misma

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