amor

amor, dolor, Ideas equivocadas

los esfuerzos para que nos quieran no sirven de mucho

-Quiero comprar esta postal para mandarle a la tía Valeria.

Mi madre me miró extrañada. Valeria era su hermana, pero justamente, no era mi madrina sino la de mi hermano Hernán. Seguramente se habrá preguntado por qué tendría yo ese rapto de amor.

Tía Valeria era una de esas mujeres intensas. Tenía una hija, y mi hermano, era su gran debilidad. Lo llenaba de regalos, le hacía los mejores programas, lo llevaba de viaje.

Yo en cambio, tenía una madrina mucho mayor. Era una tía abuela que no había tenido hijos e imagino que por eso el conciliábulo familiar decidió premiarla endosándome como ahijado. Por esos años, nadie miraba a los niños, sino las necesidades de los adultos. Mi madrina Titi era amorosa, pero claro, al ser una persona mayor, me daba poca bola. Simplemente se limitaba a regalarme un poco de dinero para mi cumpleaños, Nochebuena, Reyes y el día del niño.

Con los años fui generando celos de la situación de mi hermano. Su madrina era intensa pero lo hacía sentir a él como el más importante del universo. Y yo, que estaba parado al lado suyo, como el más desgraciado del universo. La barita mágica había tocado al vecino y yo me sentía un infeliz. No es nada fácil ser el hermano de Maradona. Y si bien mi hermano no lo era, lo hacía sentir así, y yo me sentía igual de desdichado que el hermano de Maradona, sintiendo que no existía.

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aislamiento, amor, Analfabetismo emocional, intimidad

Abrir las piernas

La madre de Ezequiel clasificaba a las mujeres en dos grupos; las que trabajaban y las que abrían las piernas.

Ella, obviamente, pertenecía al primer grupo. Un grupo de una sola persona, porque el resto de mujeres que trabajaban no le llegaban ni a los talones. No eran lo mismo.

Así había crecido Ezequiel, con un particular desprecio por las amas de casa y las mujeres que solo hacían de esposas y madres.

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amor, Analfabetismo emocional, Sin categoría

otras formas de comunicación

-Igual, si el viejo se muere, tenemos las cuentas en orden.

Javier escuchó a su hermano sin terminar de entender bien el sentido de aquellas palabras.

El padre se había sentido mal al mediodía, y frente a la persistencia del malestar, lo habían traído a la clínica para quedarse tranquilos. Pocas horas después se estaba muriendo. 

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