pánico a relacionarme

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Poder ser

El problema de querer cumplir con todos y con todo es que probablemente no podamos cumplir con nosotros mismos.

 

Acerca de mí

En el año 2001, en un grupo de terapia al que asistíamos seis pacientes y conducían dos psicólogas, una de mis compañeras (¿bruja?) me dijo: “-vos vas a ser escritor.” La miré, me reí un poco por vergüenza y otro.

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-Me estás pidiendo que juegue con fuego?

-Las emociones son jugar con fuego.

Aunque con el fuego no solo te podés quemar; también podés prender una chimenea o preparar un rico asado... Pero vos decidiste ponerte a salvo de las corrosivas emociones y sin darte cuenta te retiraste del juego de la vida...

 
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pánico a relacionarme

Me vestí con mi mejor ropa. Un Levis original, y una remera pegada a mi cuerpo que me marcaba todos mis músculos. Estaba bien afeitado y con el perfume de Miyake, que era la revelación del momento.

Con mis quince años bajé del departamento que alquilábamos sobre la calle Gorlero, que en aquellos tiempos, era donde estaba la movida en Punta del Este.

Eran mis primeras vacaciones en ese lugar, que había anhelado muchísimos años porque ser el lugar top. Con mis padres siempre íbamos a Mar del Plata porque teníamos un departamento, pero ese verano, vaya a saber por qué, fuimos a Punta del Este.

Ir a esa playa me generaba algunos sentimientos encontrados. Por un lado, ir al Olimpo. Pero a su vez, tenía miedo de no estar a la altura de las circunstancias. Ahí veraneaban mis compañeros de colegio más poderosos. Además de que sus familias tuvieran mucho dinero, ellos eran el grupo más pesado de la clase; ese que impone las reglas, que siempre son arbitrarias. También eran los únicos que se relacionaban con chicas, que en nuestro colegio sólo de varones era percibido como llegar a Marte. Algunos, hasta habían debutado sexualmente. ¿O sería mentira?

Yo moría porque me integraran en su grupo pero no había ninguna chance. No solo en la India había castas. En todo grupo humano las hay.

Así las cosas, lo único que me quedaba era fingir. Ver, y sobre todo, ser visto. Y esto último no era poca cosa. Representaba un importante upgrade en mi vida social.

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amor, dolor, Ideas equivocadas

los esfuerzos para que nos quieran no sirven de mucho

-Quiero comprar esta postal para mandarle a la tía Valeria.

Mi madre me miró extrañada. Valeria era su hermana, pero justamente, no era mi madrina sino la de mi hermano Hernán. Seguramente se habrá preguntado por qué tendría yo ese rapto de amor.

Tía Valeria era una de esas mujeres intensas. Tenía una hija, y mi hermano, era su gran debilidad. Lo llenaba de regalos, le hacía los mejores programas, lo llevaba de viaje.

Yo en cambio, tenía una madrina mucho mayor. Era una tía abuela que no había tenido hijos e imagino que por eso el conciliábulo familiar decidió premiarla endosándome como ahijado. Por esos años, nadie miraba a los niños, sino las necesidades de los adultos. Mi madrina Titi era amorosa, pero claro, al ser una persona mayor, me daba poca bola. Simplemente se limitaba a regalarme un poco de dinero para mi cumpleaños, Nochebuena, Reyes y el día del niño.

Con los años fui generando celos de la situación de mi hermano. Su madrina era intensa pero lo hacía sentir a él como el más importante del universo. Y yo, que estaba parado al lado suyo, como el más desgraciado del universo. La barita mágica había tocado al vecino y yo me sentía un infeliz. No es nada fácil ser el hermano de Maradona. Y si bien mi hermano no lo era, lo hacía sentir así, y yo me sentía igual de desdichado que el hermano de Maradona, sintiendo que no existía.

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traga sapos y vomitarás dragones

Mi jefe miró detenidamente la planilla con los resultados del trimestre. Era la primera vez en tres años que ese programa de televisión daba ganancias.

-Muy bueno, me felicitó devolviéndome la hoja. Del dinero que deje este año, el 75% es para vos y el 25% restante para mí, dijo guiñándome un ojo y después buscando la aprobación de su socio Norberto, que estaba frente a nosotros.

Salí de su despacho contento. Había ido orgulloso, a mostrarle que no era cierto que ese programa era malo, sino que el equipo que lo conducía era el problema. Me había bastado un solo trimestre para cambiar unas cuantas cosas, dejar de perder plata y volverlo rentable.

En mi escritorio me puse a pensar en el incentivo propuesto por mi jefe. Si bien parecía desproporcionado porque él era el dueño, el que pagaba los sueldos, el que corría los mayores riesgos, no era una idea tan disparatada.

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ir a terapia a NO hablar de lo que nos pasa

¿Por qué será que vamos a hacer terapia de pareja cuando ya está todo perdido?

¿Para qué hacemos todo ese teatro ridículo cuando nuestro corazón ya decidió?

¿Para quedarnos con la conciencia tranquila y mostrarles a los demás y a nuestra inexorable futura ex que hicimos todos los esfuerzos?

Freud aconsejaba a sus discípulos prestar especial atención a las palabras que decían sus pacientes cuando se estaban despidiendo;

-Es muy probable que sea lo más importante; aquello de lo que quisieron hablar durante toda la sesión y no se animaron a expresarlo…

Cuando escuché esa historia me reí para mis adentros. Después de todo, sabía que decir algo al final de la sesión era mucho mejor que ni siquiera decirlo ahí.

-¿Que los trae por acá?, nos preguntó el terapeuta.

Mi esposa y yo nos miramos, haciéndonos una mueca que no calificaba como risa. ¿Por dónde empezar?

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aislamiento, amor, Analfabetismo emocional, intimidad

Abrir las piernas

La madre de Ezequiel clasificaba a las mujeres en dos grupos; las que trabajaban y las que abrían las piernas.

Ella, obviamente, pertenecía al primer grupo. Un grupo de una sola persona, porque el resto de mujeres que trabajaban no le llegaban ni a los talones. No eran lo mismo.

Así había crecido Ezequiel, con un particular desprecio por las amas de casa y las mujeres que solo hacían de esposas y madres.

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